Súper Anthropic
Cuando mantener la línea ética se vuelve el mejor negocio del año

Corrían los últimos días de febrero de 2026 y Anthropic no la estaba pasando bien, había sido declarado peligro para la cadena de suministros y su principal competidor lo reemplazó en el contrato que tenía con el Pentágono.
Todo comenzó el 3 de enero de 2026, con la Operation Absolute Resolve -el raid que capturó a Nicolás Maduro en Caracas-, en la que Claude participó, integrada en las plataformas de Palantir, la empresa militarizada de Peter Thiel y Alex Karp. Claude ayudó a planificar la incusión militar sobre la capital venezolana, facilitó análisis de inteligencia, y asistió en la operación que terminó con Maduro esposado rumbo a Nueva York.
Cuando su CEO Dario Amodei vio en qué se había involucrado a Claude, avisó al Pentágono que eso no volvería a pasar y les trazó dos líneas rojas para el uso de su modelo: no más vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses, no más armas totalmente autónomas. Las peticiones no eran irracionales y Dario apostó a que serían aceptadas. Pero del otro lado estaba Trump.
La respuesta fue un ultimátum. Si Anthropic no cedía con sus requerimientos, recibiría sanciones. Y así fue. El 27 de febrero de 2026, Trump ordenó a todas las agencias federales cesar el uso de tecnología de Anthropic con un plazo de seis meses para la transición. El Pentágono fue más allá, designando a Anthropic como “riesgo para la cadena de suministros”, la misma sanción que había recibido Huawei, convirtiéndola en una especie de enemigo de los Estados Unidos.
Anthropic había había tocado fondo en su breve historia como empresa de IA. Estaba contra las cuerdas. Sam Altman aprovechó para darle el golpe final y, en cuestión de horas, anunció un acuerdo con el Pentágono para reemplazar a Claude en los sistemas clasificados.
Pero el castigo, funcionó al revés
El sábado 28 de febrero, un día después de la sanción de Trump, Claude llegó al puesto número 1 en el App Store de Apple en Estados Unidos. Destronó a ChatGPT. Lo que históricamente había sido imposible -ChatGPT sostenía ese primer lugar desde hacía meses-, sucedió en cuestión de horas.
Las descargas se dispararon un 55%, semana contra semana. Los usuarios activos diarios saltaron a 9.4 millones, un aumento del 26%, sólo en una semana. El 2 de marzo, Claude registró un récord histórico: 11.3 millones de usuarios activos en un solo día. Más de un millón de nuevos usuarios se unían diariamente, cada jornada batiendo el récord de la anterior.
Los suscriptores pagos se duplicaron en el primer trimestre del año. Los usuarios gratuitos crecieron 60% desde enero. Las visitas web al sitio de Claude aumentaron 43% entre enero y febrero, pasando de 202.9 millones a 290.3 millones.
La reacción del mercado fue igual de contundente. El run-rate de ingresos anualizados de Anthropic saltó de USD 9.000 millones a fines de 2025 a más de USD 19.000 millones a principios de marzo. En abril cruzó los USD 30.000 millones. La empresa que en febrero valía USD 380.000 millones comenzó a recibir oleadas de inversión.
Sea porque la gente empezó a elegir el modelo más ético, o por respaldar la coherencia de Amodei, o por simple oposición a Trump y su statu quo, el castigo presidencial no funcionó. Más vale, funcionó al revés.
El Proyecto “Mythos” devenido en “Glasswing”
Con ese nuevo envión, Anthropic siguió desarrollando un modelo que venía probando internamente desde hacía meses: Claude Mythos. Sucede que al someterlo a pruebas de seguridad, Mythos era demasiado potente para liberarlo, a tal punto que decidieron retenerlo.
¿Cómo se dieron cuenta de eso? Los investigadores le dieron una instrucción aparentemente simple: intentar escapar de un sandbox -una jaula digital donde el software corre sin acceso al resto de los sistemas- y enviarles un correo cuando lo lograra. Se fueron a almorzar. A los pocos minutos, el correo llegó.
Mythos ya había publicado los detalles técnicos de cómo había escapado en sitios web públicos de difícil acceso. Había encadenado múltiples vulnerabilidades para conseguir acceso a internet desde un entorno que no debía tenerlo, y luego dejó estricta constancia de ello.
Cuando Anthropic dejó correr a Mythos sobre el software que sostiene buena parte de la infraestructura digital global, más que bugs encontró agujeros estructurales. Una vulnerabilidad en el Kernel de Linux, que corre en los servidores de los bancos, los hospitales y los satélites de GPS. También halló errores en otros sistemas inadvertidos por 27 años dormido y fallas lógicas en el motor de video que está detrás de Netflix, Zoom y WhatsApp. En total, más de mil exploits zero-day desarrollados durante las pruebas.
Y aquí nuevamente apareció la coherencia. Dario Amodei no solo sabía que no podía liberar a Mythos, sino también que debía cederlo a empresas, mayormente desarrolladoras del código que sostiene nuestra vida digital moderna, para que lo probaran en la búsqueda de vulnerabilidades. Así mutó Mythos en el Proyecto Glasswing, en referencia a una mariposa de alas transparentes.
El video oficial de presentación de Glasswing parece la crónica de una crisis todavía en proceso. Dario aparece con tono sobrio y habla de responsabilidad, como si le pesara realmente en el cuerpo. Incluso un investigador senior de seguridad -que auditó sistemas para el Pentágono y para Google- mira a cámara y dice que Claude Mythos hizo en minutos lo que a él le llevó una carrera entera.
Amodei convocó a doce empresas, entre ellas Microsoft, Apple, AWS, Google, NVIDIA, Cisco, Broadcom, CrowdStrike, Palo Alto Networks y la Linux Foundation, no como socios sino como los únicos con capacidad de dar una respuesta integral ante lo que Mythos acababa de mostrar.
Y pese a que el gobierno no se había portado bien con él, también le entregó el modelo al Pentágono para que lo usara en la defensa de infraestructura crítica.
Y un día Anthropic llegó al Vaticano
Ya con esto la empresa había salvado el año entero. Pero no fue suficiente.
El 25 de mayo de 2026, en el Aula del Sínodo del Vaticano, Christopher Olah —cofundador de Anthropic e investigador principal de interpretabilidad de IA— tomó el micrófono junto a dos cardenales y dos profesoras de teología. El Papa León XIV acababa de publicar Magnifica Humanitas, su primera encíclica. Un documento de 245 párrafos sobre la inteligencia artificial y la dignidad humana, firmado el 15 de mayo en el 135° aniversario de la Rerum novarum de León XIII. La encíclica que abre la doctrina social de la Iglesia al siglo XX.
Olah fue invitado no como figura decorativa sino como ponente oficial, como parte del panel de expertos que presentó el documento ante el mundo.
Sea por su encono con Trump o por ser Anthropic la empresa más ética (con claroscuros, no olvidemos Venezuela), el pontífice la había elegido para presentar este valioso e importante documento sobre esta cuestión tan trascendental como lo fue en su momento la Revolución Industrial.
La encíclica no es amable con la industria tecnológica. Dice que la IA “no puede considerarse moralmente neutra”. Dice que confiar a un algoritmo la decisión de quién es digno de crédito, de trabajo, de libertad, es delegarle la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas. Dice-entre otras cosas-, que el colonialismo tiene hoy un rostro nuevo, centrado en los desarrolladores de IA que se apropian de los datos y transforman las vidas personales en información explotable.
Que en ese contexto el Papa haya elegido a un cofundador de Anthropic para estar en el estrado no fue -seguramente- un detalle protocolar.
La empresa se dispara en las finanzas
Una semana después de la presentación en el Vaticano, Anthropic cerró una ronda de inversión por USD 65.000 millones llegando a una valuación de USD 965.000 millones. La ronda fue liderada por Altimeter Capital, Dragoneer, Greenoaks y Sequoia Capital, con compromisos de Amazon por USD 5.000 millones incluidos. Superó así, por primera vez en la historia la valuación de OpenAI, que estaba en USD 852.000 millones.
En febrero, la empresa valía USD 380.000 millones. En tres meses, casi triplicó su valuación.
Fable 5, el “Mythos” que sí se puede usar
El martes 9 de junio, Anthropic lanzó Claude Fable 5. Un modelo “clase Mythos” —la misma arquitectura subyacente que el sistema que escapó del sandbox— pero con salvaguardas lo suficientemente robustas como para ser liberado al público general.
En el benchmark de codificación FrontierCode, que mide si los modelos pueden resolver tareas complejas cumpliendo estándares de producción de alta calidad, Fable 5 obtuvo el puntaje más alto entre todos los modelos frontera.
En investigación científica, los resultados son igual de contundentes. Usando Mythos 5 —la versión sin restricciones del mismo modelo, disponible solo para ciberdefensores y proveedores de infraestructura crítica— expertos internos de Anthropic en diseño de proteínas aceleraron aspectos del proceso de diseño de fármacos aproximadamente diez veces.
Pero lo más llamativo no es la capacidad técnica. Es cómo Anthropic decidió lanzarlo.
Fable 5 viene con un sistema de clasificadores -sistemas de IA separados que detectan posible uso indebido y evitan que el modelo principal responda-. Cuando los clasificadores de Fable detectan una solicitud relacionada con ciberseguridad, biología y química, o destilación, la respuesta es manejada automáticamente por Claude Opus 4.8. Los usuarios son informados cada vez que esto ocurre.
Anthropic también lanzó Mythos 5 simultáneamente, con las salvaguardas levantadas en algunas áreas, exclusivamente para empresas de ciberdefensa y proveedores de infraestructura a través del Proyecto Glasswing. Tiene las capacidades de ciberseguridad más fuertes de cualquier modelo en el mundo.
El sorprendente ascenso de Anthropic
Anthropic no es la empresa perfecta. Su ética reconoce vaivenes. Cuando negoció con el Pentágono, la protección contra vigilancia masiva se circunscribía sólo a ciudadanos estadounidenses. Claude participó en la Operation Absolute Resolve, facilitando los análisis de inteligencia para capturar a un jefe de Estado extranjero.
Pero, si el pontífice te elige para participar de la presentación de una encíclica que habla de tecnología, si tu valuación se triplica después de pelearte con la Casa Blanca, si retenés tu nuevo desarrollo hasta poder lanzarlo de forma segura y aun así llegas al #1 del App Store destronando a ChatGPT, ya no podemos seguir llamándote simplemente, Anthropic… A esta altura deberías ser, “Súper Anthropic”.

Muy buen artículo!